El amor como droga.
Algunos dicen que el amor es como una droga, ya que te vuelves adicto a el, tanto que se vuelve obsesivo.
El amor es un estado mental, que nos produce placer, deleite, goce, un conjunto de buenas sensaciones y por supuesto que posteriormente termina enganchandonos. Al amar liberamos endorfinas, encefalinas y serotonina, al igual que las drogas, con la única diferencia de que no necesitamos consumir alguna sustancia externa, lo necesario es sentir amor hacia otra persona. Este puede crecer o decrecer dependiendo de cómo se retroalimente el sentimiento que se tienen los que componen la relación.
Las endorfinas son la base del amor, un proceso que se desarrolla en el cerebro y no en el corazón" es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente", así definía Quevedo esta emoción causada según Gaona, por las endorfinas, unas hormonas que actúan como neurotransmisores y que aumentan en los momentos placenteros de la vida.
El amor provoca los mismos efectos que la cocaína, las personas enamoradas muestran una actividad cerebral similar a la sensación de tener hambre o sed, entendidas todas como necesidades profundas del ser humano; según un estudio de una Universidad norteamericana, estas reacciones están asociadas a modelos de "estímulo y recompensa", provocados por el sistema dopamínico (una amina esencial para tratar la depresión).
El amor es una droga de la que nunca podremos escapar o más bien de la que no se debe escapar, pero si nos diera una sobredosis de esta droga nos pude matar.
Nos enamoramos paso a paso, en tres fases distintas:
- Primera fase: reconocemos en la pareja actitudes, virtudes y otros elementos clave que responden a la frase "me parece atractivo".
- Segunda fase: "es el momento de las fantasías desbocadas, en el que atribuimos cualidades extraordinarias a nuestra pareja debido al bienestar endorfínico que nos produce su cercanía".
- Tercera y cuarta fase: En las dos últimas etapas hay más trato y actividades en común, y se crea cierto vínculo emocional y sexual, con una segregación importante de la feniletilamina, que también aparece en el chocolate, de ahí que no sea casual que se considere a este dulce como a un sustitutivo del sexo.
Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.
Charles Baudelaire (1821-1867) Escritor, poeta y crítico francés.
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